"Cuando Tita sintió sobre sus hombros la mirada de Pedro, comprendió en ese instante lo que debe sentir la masa del buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo... era tan fuerte la sensación de calor que sentía que ante el temor de que le empezaran a salir burbujas en todo el cuerpo, el vientre, el corazón, los senos, bajó la mirada y trató de huír"
27 sept 2011
13 sept 2011
Un profeta. El cine francés sí que vale.
No deja ser curioso que en dos cinematografías tan cercanas geográficamente pero tan lejanas en cuanto a temas y estilos como la española y la francesa, se hayan elegido como mejor película este año sendos dramas carcelarios. En nuestro país el género carcelario se visita con regularidad, quizá por cierta afinidad a los temas sociales que lo rodean, quizá por la facilidad de producción que implica un escenario tan concreto y singular. En Francia, sin embargo, no es habitual. Puede que el público francés no lo demande, o que la mayor ambición económica de las producciones francesas alejen a los cineastas de las penitenciarías.
El caso es que se podría hacer un jugoso estudio comparativo entre Un Profeta y Celda 211, las dos cintas a las que nos referimos. Y no sólo con respecto a su situación en cada una de las filmografías de su país, si no en cuanto a lo que ambas puedan representar en un nivel más simbólico. Baste decir que en Celda 211, todos los reclusos unidos luchan contra el poder orgánico exterior. En Un Profeta, la lucha es individual, grupal, para sobrevivir en un entorno hostil dominado por étnias y mafias. Hágase el ejercicio de simbolizar a los reclusos con la ciudadanía de cada país para obtener un riquísimo modelo social sobre el que discutir.
Pero no vamos a ahondar en ese tema. Vamos a fijarnos en las virtudes de la cinta dirigida por Jacques Audiard. En primer lugar por su magnífico y conseguido tono ya que, aunque deja bien claro desde un primer momento que se trata de una ficción, los hechos narrados trasmiten una autenticidad sin fisuras, lo que sorprende aún más cuando sabemos que no se rodó en una cárcel real, si no en un escenario construido ex profeso para la película.
En segundo lugar, por el magnífico guión que no desfallece un solo momento, mostrando una secuencialidad de causas y efectos de una lógica aplastante y perfectamente comprensible, a pesar incluso de los títulos insertados en algunos puntos de la narración. Una tercera virtud se encontraría en la perfecta definición de los personajes, sin grietas y cuya ilustración en imágenes es más que adecuada.
Pero sin duda, las dos columnas en la que se basa este magnifico film son la interpretación del novel Tahar Rahim, una especie de Óscar Jaenada sin ínfulas de gran actor, que realiza una soberbia recreación del delincuente protagonista desde la inocencia y la desconfianza inicial hasta la frialdad y control del poder con el que llega a hacerse. Y todo eso sólo cambiando el corte de pelo. La otra columna es el firmísimo e inspirado pulso en la dirección de Audiard, que aprovecha cualquier recurso para narrar en imágenes lo que sucede: esa lámpara que tiene casi a oscuras la habitación de Ryad anunciando su muerte, ese tiroteo ralentizado donde Malik toma consciencia de su poder. Lo que para otros directores puede ser un calvario, por ejemplo, una secuencia que se repite varias veces en la historia como en este caso la salida de los presos al patio de la cárcel, para Audiard se transforma en la oportunidad de describir la situación y el estado del poder dentro de ella cada vez que sucede en pantalla. Brillante.
El resultado es una excelente película, una narración que crece y crece en el recuerdo tras el visionado, trascendiendo el entorno carcelario donde sucede, porque lo que allí vemos no es otra cosa que la lucha por el poder y la libertad del individuo en un entorno hostil. La estrategia de un superviviente brillantemente explicada, que podría ser válida para un delincuente, un escolar, un político, un oficinista, un parado o un empresario: proactividad, preparación, información, relaciones sociales, inteligencia, don de la oportunidad, sinergias...
30 abr 2011
6 ene 2011
Liza Minelli
La cantante y actriz Liza Minelli, ganadora de un Óscar por Cabaret, ha dejado una marca profunda en el mundo musical, ¿Será por su prodigiosa voz? ¿ Su energía electrizante?
Maybe this time es una canción que forma parte de su repertorio en la película Cabaret (1972) y quizás sea para mí, una de las mejores.
Aquí sí, es cuando la voz se pone a prueba, se deja de tonterías y lo da todo, una muestra de hasta cuánto puede llegar la sonoridad de las cuerdas vocales, ¿y qué mejor ejemplo que el de la propia protagonista?
Esta es la muestra definitiva del éxito que tuvo en Hollywood.
Debajo voy a dejar un video mío, cantándola a capella, porque ya sabéis lo que me gusta participar en mis entradas y porque esta canción me encanta.
Señores y señoras ¡ MAYBE THIS TIME!
Maybe this time es una canción que forma parte de su repertorio en la película Cabaret (1972) y quizás sea para mí, una de las mejores.
Aquí sí, es cuando la voz se pone a prueba, se deja de tonterías y lo da todo, una muestra de hasta cuánto puede llegar la sonoridad de las cuerdas vocales, ¿y qué mejor ejemplo que el de la propia protagonista?
Esta es la muestra definitiva del éxito que tuvo en Hollywood.
Debajo voy a dejar un video mío, cantándola a capella, porque ya sabéis lo que me gusta participar en mis entradas y porque esta canción me encanta.
Señores y señoras ¡ MAYBE THIS TIME!
3 ene 2011
Despide la Navidad con esta canción.
Es la gran versión navideña de John Lennon, yo no la conocía pero me llamó la atención en una librería, de compras navideñas y es genial!
El gran Silvio!
Silvio Rodríguez, por parte de padre, y Domínguez, por parte de madre, nace un 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, un pueblo ubicado en un valle muy fértil en La Habana y zona fundamentalmente tabacalera, en el seno de una familia campesina. Su abuelo fue tabaquero y conoció a José Martí, cuando Silvio tan sólo tenia 12 años. Su padre, Víctor Dagoberto Rodríguez Ortega, fue campesino, y siempre fue un hombre liberal y de ideas socialistas. Su madre, Argelia Domínguez León, fue peluquera. Silvio ha manifestado en diversas ocasiones que su afición por la música le viene por parte de su madre, que se pasaba el día cantando boleros y sones santiagueros. Silvio tuvo un tío que tocaba el bajo pero, desde el punto de vista musical, fue su madre la que le dormía con canciones de la trova, se bañaba con danzones, barría con boleros y cocinaba con sones. Su madre debió ser música por vocación, y de hecho ha colaborado esporádicamente con Silvio en algunos trabajos.
Silvio ha sido estudiante, alfabetizador, empleado gastronómico, dibujante, soldado, cantante y padre. Fue empleado de la televisión cubana y trabajó con el grupo de experimentación sonora del ICAIC (Instituto Cubano de las Artes y de la Industria Cinematográfica), donde grabó sus primeros discos y canciones. Empezó a escribir poemas a los siete u ocho años. En la revista «Mella» dibujaba una historieta que se llamaba «El Hueco», una historia muy profunda, con textos de Norberto Fuentes. Cuando trabajaba allí, aprendió los primeros acordes de guitarra con su compañero Lázaro Fundora.
A los 16 años recomenzó los estudios de piano, pero tuvo que volver a dejarlos cuando, el 4 de marzo de 1964, fue llamado al Servicio Militar Obligatorio -SMO-, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias -FAR-. Silvio partió rumbo a la región más occidental del país. Tenía 17 años cuando le enviaron primero a una unidad en Pinar del Río durante tres meses. Después desarrolló un primer periodo de doce semanas de entrenamiento en la Unidad 3234, de Infantería, en Artemisa, y fue trasladado a la Unidad 1087, de Servicios de Retaguardia del Ejército Occidental. Posteriormente, ubicado en la 2107, de Comunicaciones, en El Calvario, el recibió un curso de Telegrafía y desarrolló la labor de ayudante del operador de radio.
Entonces se compró una guitarra. En el ejército conoció a Esteban Baños, con quien aprendió mucho de la guitarra. A partir de ese momento, no abandonaría más el instrumento. En todo ese tiempo nunca dejó de escribir poemas y compuso algunos relatos. Entre 1964 y 1965 compuso sus primeras canciones. En 1967 debutó en el programa de televisión Música y Estrellas, vestido con sus botas militares que, según aclaró mas tarde, era lo único que tenia para ponerse. Su primera actuación fue en el Museo de Bellas Artes. Por esa época hizo dúo con Luis López, cantaban sus canciones y se presentaron en dos ocasiones a festivales de Aficionados de la FAR. No resultaron premiados, pero fueron felicitados. En 1975, cuando llevaba ocho años de profesional y había compuesto cientos de canciones, hace su primer disco en solitario, Días y Flores.
Su influencia sobre toda una generación, junto a sus compañeros de La Nueva Trova Cubana, también conocida como Movimiento de la Nueva Trova ha sido reconocida en todo el mundo, incluso por quienes no están de acuerdo con sus ideas políticas. Queda patente que el genio de Silvio es capaz de atraer a quien él quiere y a quien no. Ha colaborado con muchos cantantes y músicos de todo el mundo.
Silvio ha sido estudiante, alfabetizador, empleado gastronómico, dibujante, soldado, cantante y padre. Fue empleado de la televisión cubana y trabajó con el grupo de experimentación sonora del ICAIC (Instituto Cubano de las Artes y de la Industria Cinematográfica), donde grabó sus primeros discos y canciones. Empezó a escribir poemas a los siete u ocho años. En la revista «Mella» dibujaba una historieta que se llamaba «El Hueco», una historia muy profunda, con textos de Norberto Fuentes. Cuando trabajaba allí, aprendió los primeros acordes de guitarra con su compañero Lázaro Fundora.
A los 16 años recomenzó los estudios de piano, pero tuvo que volver a dejarlos cuando, el 4 de marzo de 1964, fue llamado al Servicio Militar Obligatorio -SMO-, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias -FAR-. Silvio partió rumbo a la región más occidental del país. Tenía 17 años cuando le enviaron primero a una unidad en Pinar del Río durante tres meses. Después desarrolló un primer periodo de doce semanas de entrenamiento en la Unidad 3234, de Infantería, en Artemisa, y fue trasladado a la Unidad 1087, de Servicios de Retaguardia del Ejército Occidental. Posteriormente, ubicado en la 2107, de Comunicaciones, en El Calvario, el recibió un curso de Telegrafía y desarrolló la labor de ayudante del operador de radio.
Entonces se compró una guitarra. En el ejército conoció a Esteban Baños, con quien aprendió mucho de la guitarra. A partir de ese momento, no abandonaría más el instrumento. En todo ese tiempo nunca dejó de escribir poemas y compuso algunos relatos. Entre 1964 y 1965 compuso sus primeras canciones. En 1967 debutó en el programa de televisión Música y Estrellas, vestido con sus botas militares que, según aclaró mas tarde, era lo único que tenia para ponerse. Su primera actuación fue en el Museo de Bellas Artes. Por esa época hizo dúo con Luis López, cantaban sus canciones y se presentaron en dos ocasiones a festivales de Aficionados de la FAR. No resultaron premiados, pero fueron felicitados. En 1975, cuando llevaba ocho años de profesional y había compuesto cientos de canciones, hace su primer disco en solitario, Días y Flores.
Su influencia sobre toda una generación, junto a sus compañeros de La Nueva Trova Cubana, también conocida como Movimiento de la Nueva Trova ha sido reconocida en todo el mundo, incluso por quienes no están de acuerdo con sus ideas políticas. Queda patente que el genio de Silvio es capaz de atraer a quien él quiere y a quien no. Ha colaborado con muchos cantantes y músicos de todo el mundo.
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